SINCERIDAD

Publicado: marzo 8, 2014 en Uncategorized

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Una de las virtudes que se llega a apreciar en el toreo es la sinceridad, que es esa capacidad de expresarse libre de fingimientos con las personas y en el ruedo. Se nota -en las entrevistas, tertulias, conversaciones- cuando uno se muestra como es interiormente y también cuando dice la verdad en el ruedo, pues el verdadero arte no engaña.

En ocasiones manifestar sinceridad puede conducir a que, por ejemplo, te dejen sólo; pero como se suele decir, la verdad acaba imponiéndose o al menos siendo reconocida. Un ejemplo. En 1952 Antonio Bienvenida alzó la voz contra el afeitado y se negó a torear toros manipulados. Muchos de sus compañeros se alejaron de él y fue, incluso, acusado de enemigo de la fiesta. Ahora, en la actualidad, es un torero siempre presente con un recuerdo cariñosísimo en la mente del buen aficionado.

Me llamó positivamente la atención una entrevista de Marcos A. Hierro al torero César Jiménez. En primer lugar porque el diestro manifestaba que se arrepentía de muchas cosas, y el arrepentimiento es una de las características de la auténtica sinceridad. Además reconocer los errores siempre lleva a actuar alegre y poderosamente hacia el futuro. César decía “me arrepiento de muchas cosas. Me arrepiento de haber ido a Madrid (la entrevista está realizada en el 2013) cuando no estaba en el momento de pisar esa plaza. Me arrepiento de haberme dejado llevar en algunas ocasiones, porque llegue a creer que había que estar en el sistema para sobrevivir, y ahora sé que no es así. Me arrepiento de todo ello, pero de haber estado en el G10, nunca”. Como se lee, denota otro comportamiento básico de la virtud que estamos comentando, el no excusarse cuando las cosas no salen como uno hubiera querido.

Cesar Jimenez 2

Al mismo tiempo, en esa misma entrevista del 2013, reconoce que tiene “por delante dos o tres años muy duros. Soy consciente y no me importa. Me han llamado de Valencia y me han ofrecido algo que no me encajó. Pedí matar la de Miura y no les encajó a ellos. No pasa nada. No voy y punto. No hay por qué enfadarse. No estoy desesperado por torear. Lo haré sólo cuando esté física y mentalmente a punto. Lo demás es engañarme”. El periodista reconoce que habla con naturalidad, con sencillez, sin rencor y sin rabia. Y tal vez tenga motivos para hacerlo. No elude preguntas (…), es la sinceridad de un hombre que, a pesar de todo, sigue sintiéndose dueño de su vida y de su suerte, incluso cuando pintan bastos en la partida con el futuro. Incluso cuando se tornan grises las nubes del horizonte.

el fundi

Otro matador de toros, en este caso El Fundi, en un coloquio con Luis Nieto en el diario de Sevilla, se apoya en la realidad para responder si hay algo superior que le haya aportado la tauromaquia. Contesta que “me marcho y creo que habrá pocos profesionales que me puedan reprochar algo sobre mi carrera. He ido con la verdad; incluso tirando piedras contra mi propio tejado. Con honestidad, he buscado más la profesionalidad que la comodidad. Decía Belmonte que se “torea como se es”, y yo creo que fui claro y sincero en el ruedo y nunca busqué el aplauso fácil de la galería”.

Niño la capea

El Niño de la Capea, en un coloquio con Jose Ignacio de la Serna, a la pregunta: ¿cree que el Cordobés fue reconocido por los toreros de su época como ahora?, respondía: “Yo creo que sí, pero lo hacían en silencio. Tuvo lo más importante que se puede tener: fue un torero de pueblo. El público se despojó de complejos y normas establecidas y dijo éste es nuestro torero. Porque el que manda es el pueblo. En el toreo sólo se triunfa por dos razones: porque se nace con unas cualidades innatas excepcionales que te las da Dios, o porque eres un torero de una sinceridad aplastante. Y cuando eres sincero el primero que lo capta es el público. Tengas el estilo que tengas.

Cordobes

La sinceridad consigo mismo es la premisa ineludible de la sinceridad con los demás. Y viceversa: si se muestra a los demás el rostro verdadero y libre, puede volverse a sí mismo y reconocer su propia imagen sin engaño.

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comentarios
  1. Antonio Schlatter Navarro dice:

    Hoy, 11 de marzo, se celebra el centenario del nacimiento de don Álvaro del Portillo, hombre de excepcionales cualidades. Fue historiador, ingeniero y teólogo de gran relieve, sacerdote y finalmente obispo Prelado del Opus Dei; fue en mi opinión uno de los grandes personajes del siglo XX y fue además un madrileño castizo muy aficionado a los toros. Recuerdo que una persona que vivió junto a él muchos años decía, a modo de resumen de su vida, que “en don Álvaro todo es verdad”. Quería decir con esto, que don Álvaro era un hombre de una pieza, sin dobleces, que iba de cara, valiente y sencillo, íntegro. Un santo. De hecho me ha alegrado mucho saber que el próximo día 27 de septiembre, el Papa Francisco lo va a beatificar en Madrid. Sería un buen patrón para una fiesta como la de los toros que necesita más que nunca no olvidar jamás que de un torero se tiene que decir lo mismo que de don Álvaro del Portillo: que todo es verdad.
    Y es que las 5 de la tarde es y será siempre, como nos recordó García Lorca en su Llanto, la hora de la verdad. Es la hora que suena al mismo tiempo y en punto –en sombra- en todos los relojes. A esa hora, en la plaza, la vida y la muerte se encuentran de verdad con la Verdad. Han salido de sus escondites: toriles y burladeros. En el redondel del mundo el torero se deja ver, vestido con un traje de luces que no le permite esconderse, ante un público que examina cada gesto. Porque reconocen que en ese momento, en el auténtico torero cada gesto es verdad.
    A medida que se acerca ese momento, el torero se va desprendiendo de todo lo superfluo, que en la vida es casi todo. Y cuando llega su hora ya no le queda otra cosa que su propia vida, su verdad. Como un soldado que salta hacia el parapeto enemigo y tiene que dejar todo lo que le estorba para entrar en batalla, el torero ha dejado todo para quedarse sólo él, y todo él, ante el toro. Y ve en ese animal no un rival, sino su propia imagen. La imagen de un ser en el que todo es bravura y nobleza. Si la serpiente es símbolo del engaño y la astucia, el toro bravo es símbolo de la verdad.
    ¡Ay de aquellos que creen que los toros son un espectáculo que se puede contemplar en la vida! En realidad los toros son la vida de verdad, y desde ahí, desde la arena, toro y torero son los únicos que contemplan el espectáculo del mundo, tantas veces esperpéntico, donde abunda la mentira y la frivolidad. Ojalá este nuevo santo intercesor nos ayude a que en nuestra vida todo sea verdad y a que los toros sean, como apunta este artículo tan acertado del blog, una cátedra sobre la virtud de la sinceridad.

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