SOBRIEDAD

Publicado: febrero 24, 2014 en Uncategorized

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En una entrevista de la periodista Ángeles López, del periódico La Razón, al filósofo Victor Gómez Pin, al preguntarle si perdemos el toreo “¿qué perdemos, amén del espectáculo?”, respondió: “alguna vez caractericé el toreo como una escuela sobria de vida. Cuando responde a esta exigencia, el toreo es precioso. Y perderlo sería tanto como perder una referencia tanto ética como estética. Cuando es un espectáculo castizo y casposamente costumbrista su desaparición no sería una pérdida”.

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Hace años se celebró una tertulia en el Colegio Mayor Universitario Guadaira, de Sevilla, con Rafael “El Gallo”. La conversación por unos momentos dejo de abordar temas propiamente taurinos y desembocó en el ámbito de la vida ordinaria y afirmó: “Se es feliz cuando se es para aquello que se ha nacido”. Así es, la felicidad está en llegar a ser lo que estás llamado a ser y para eso es necesario estar en una “sobria escuela de vida”.

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Con esa virtud ya no se depende de nadie ni de nada para ser feliz. Se intenta dar a las cosas su justo valor y hace ver lo que de verdad se necesita, sin dejarse dominar por todo lo que puede ser desmedido en los gustos, apetencias, intereses, deseos, placeres. Pone el limite entre lo razonable y lo que es inmoderado.

Damaso Gonzalez

Los que han llegado a ser figuras del toreo han pasado por una vida sobria, esencial, para aguantar esa lucha tan dura ante el toro y las circunstancias que lo rodean. El maestro Dámaso Gónzalez al recordar sus comienzos manifestaba que “en aquellos años se pasaba muy mal, pero también es cierto que un niño con el cariño de los padres y un pedacito de pan que llevarse a la boca, era feliz. Con nuestras vacas de leche creíamos tener algo. Sólo tenía ambición delante del toro y no pensaba en ganar dinero, incluso después cuando ya era matador de toros”.

Gregorio Sanchez

Gregorio Sánchez en una entrevista que le hacía José Ignacio de la Serna, mostraba su preocupación por los jóvenes que se matriculan en la escuela taurina y no dan importancia a las facilidades y a las oportunidades que ellos no habían tenido. Y más adelante en esa misma conversación confesaba que “para aguantar aquella lucha tan dura había que tener afición. Sin vocación y afición no se puede ser nada en esta vida. Tenía metido el toro en la cabeza, y, si por ejemplo un día iba al cine, cuando salía, aunque fuera de noche, me ponía a torear de salón”.

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Manolete afirmaba que su postura en el toreo tenía que ser “fuerte y heroica” y “tengo que dominar con arte los nervios que me dan malos ratos antes de las corridas. Soy un tío muy nervioso y soy consciente en vencer primero a ese bicho que se llama inquietud”. Tenía claro, muy claro, la importancia del autodominio, que es una de las consecuencias de la vida sobria.

Jose Tomas

En la sobriedad se usa la inteligencia y la voluntad para que se impongan en las cosas importantes. En este sentido José Tomás insistía en que “la mente tiene un papel muy importante para un torero, porque tú, a pesar de las emociones y del miedo que genera el toro (…) con la mente te dominas tú, y dominándote tú es como luego puedes dominar al toro”.

Cesar Rincon1

Israel Viana escribió en ABC, refiriéndose a César Rincón y sus dos tardes históricas de la Feria de San Isidro de 1991: “el caso es que este nuevo César del toreo vino a abrirse por derecho. Valiente hasta la saciedad, voluntarioso hasta extremar el tesón, mas siempre serio, sobrio, enterado, torero y muy profesional”. Detrás de estos valores, como diría el propio César Rincón en esa misma entrevista, “hay un esfuerzo de muchos años, que nadie me puede quitar ahora. Esta felicidad que siento en estos momentos no la cambio por nada en el mundo”.

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comentarios
  1. Pablo Torres dice:

    Estoy totalmente de acuerdo. AMEN.

  2. Antonio Schlatter Navarro dice:

    Sin duda la sobriedad es un rasgo esencial del buen torero. También en esto es el propio toro el que enseña al diestro a saber estar como un hombre debe estar y vivir. No se ven toreros que hagan aspavientos ni gestos “para la galería”. Al menos entre los verdaderamente buenos. La solemne sobriedad del toro te obliga a que, incluso cuando te recreas ante él y el aire se llena de todos los sentidos (música, color, campo…), la faena siga saliendo con la sobria naturalidad que tiene este arte. Opino que es el toro mismo, sin saberlo, el que lo logra. El toro somete al torero, al caballo de rejoneo, al público… a ser parco en gestos y palabras, a no perder lo esencial. El toro te está pidiendo que no frivolees, que no malgastes. Sí, sin duda, el toreo es una escuela de esta virtud tan necesaria en nuestros días que es la sobriedad.

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